Periodista, 31 años casada con periodista. Me gusta la música, los perros (Freddo, el más lindo), el cine, los libros (Palahniuk, Bayly, Fuguet, Izaguirre... maestros!!). Eso.

martes, 22 de noviembre de 2005

Cambio de switch

Infidelidad: un problema de costos y de logística

Hay un viejo dicho que cuenta que existen dos tipos de mujeres: las que tiran y las que vuelan. Aplicando esa forma de expresar un juicio, me atrevo a decir que hay dos tipos de hombres: los que serían infieles y los que vuelan.


Todavía no conozco uno que pueda saltar de un décimo piso y sobrevivir. Menos he conocido a alguien de mi género que, abiertamente o si no con tres Cuba Libre en el cuerpo, no termine confesando que le encantaría acostarse con otra mujer que no sea la suya. No por falta de amor ni por quejas a la sexualidad que tiene con su pareja, sino por el puro gusto de volver a conquistar, oler otro olor, tocar otra piel y meter un gol en canchas desconocidas.

Es un tema habitual en cualquier conversación de Club de Toby, especialmente cuando llegan las noches tibias y cualquier restaurante o bar se llena de guapas que ostentan sus escotes. Lo más interesante del asunto, eso sí, es hablar de las razones por las que la mayoría finalmente se inhibe, reprime, censura o, dicho por un relacionador público de la especie, opta por el camino más íntegro. Veamos.

Costo versus beneficio es una de las variables que más se repiten. La idea es simple: cuánto vale una canita al aire contra la posibilidad de perder un matrimonio; romper una familia; alejarse de los hijos; tener que arrendar algo, además de seguir pagando las cuotas de la casa; morirse de pena por meses o años; aprender a cocinar; volver a preocuparse de la facha para reinsertarse en el mercado de los solteros, y un larguísimo etcétera.

Pero ese no es el único argumento. Hay otro que tiene que ver con lo insufrible de logística que implica una infidelidad. Partiendo de la base que un hombre promedio preferiría mil veces portarse mal con una mujer equis que con una prostituta (aunque esta última claramente represente menos riesgos de ser pillado), hay toda una mecánica hipercompleja que empieza por el dónde. A menos de que uno tenga la infinita suerte de que ella sea soltera o separada y viva sola, hay que pensar en un lugar neutral. Y ahí aparece el motel. ¡Buajjj! Después de haber vivido en un departamento de soltero por meses y hasta por años, cuesta asumir que uno tiene que volver al lugar que era la única opción a los 17 años. Es un retroceso evidente, caro y más encima antihigiénico, especialmente si uno compara su propia cama de impecables sábanas con ese dudoso catre king size que ha sido infinitamente manoseado.

¿Qué otra queda? ¿Arrendar un departamento? O sea, cuánta gente puede pagar dos lugares al mismo tiempo? No way. ¿El auto? Volvemos al tema de actuar como púberes y más encima nos arriesgamos a un asalto o a que nos vean y nos delaten. ¿La propia casa cuando la señora y los hijos se van fuera el fin de semana y uno se queda "trabajando"? Eso es peor que ser infiel en la escala de los descarados. Es ser un desgraciado, es perderle el respeto a lo mínimo. Descartado.

Sigamos con el cómo. Se necesita una red de ingeniería social para mantener las apariencias, en caso de pensar en una infidelidad compulsiva. Eso implica desde la secretaria hasta los compañeros de trabajo, los amigos y hasta algún pariente de confianza, comprometidos con la causa. Si se trata de algo ocasional, igual hay que pensar en el celular (¿lo apago, lo dejo en silencio, lo contesto cara de palo?); el pago en efectivo (la tarjeta de crédito ha eliminado a varios); el horario (¿en la mañana mientras se supone que estoy en el gimnasio o en la hora de almuerzo?); los olores postdelito (si la fórmula es la ducha, ojo que no sea un jabón o champú distintos), y hasta hay que practicar la narración del día por si preguntan qué fue de nuestra vida.

Demasiado complicado. Más fácil es seguir soñando, compartir las fantasías con los amigos y, una vez cada dos años, meterse a un topless caro para sentirse mujeriego. Aunque sea sólo mirando.

(Columna aparecida el domingo recién pasado en la revista Mujer de La Tercera)

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.... Debía poner esta columna aquí. No tengo muy claro aún por qué. Pero siento que tenía que estar. ¿Para qué?

- Para que las chicas sepan cómo piensan sus parejas, amigos, padres, etc. Pero más allá de eso, para rescatar la simpleza del pensamiento masculino. ¿Se dan cuenta lo fácil que sería pensar así? Nos evitaríamos un montón de rollos, una larga lista de culpas, autoflagelaciones varias, y pensamientos represivos.

Pero ojo, que tampoco nos debemos creer el cuento que hay tanta simpleza detrás, miren que la logística es algo MUY importante (pos que esto no es así no más, las cosas se deben planificar, que para estos trotes hay que aplicar neurona). Y lo otro, que yo creo que para los hombres es LO MÁS IMPORTANTE: EL DINERO. Claro, porque tener dos sucursales sale caro, porque si te pillan y te separas la bruja de tu mujer te va a consumir como una vil sanguijuela todo tu dinero, los ahorros de toda tu vida, todo lo que has conseguido con el sudor de tu frente....!!!

Entonces, ¿cuál es la alternativa? Portarse bien, pasar piola, mirar como loco y ponerse turnio cuando ven a una mina de su gusto, y lo otro, hacerse el choro e irse al topless de moda y jurar que las minas que les bailan sensualmente lo hacen porque los encuentran guapos e interesantes...

Ya, y? Pos, nada. ¿Chicas, qué les parece si empezamos a cambiar el switch y nos ponemos a pensar como los hombres, a ver cómo nos va? (Y cómo les va a ellos también?).

PD: Algo nada que ver con lo que escribí arriba: Dios existe. Baila flamenco, se llama Farruquito y baila como los dioses del Olimpo. Además, es guapo.

3 Comentarios:

Blogger Isabel Hurtado dijo...

me pregunto si los seres humanos somos monógamos por naturaleza o si es un tema cultural o religioso. Yo apuesto por lo segundo, si no me equivoco, la mitad de las parejas son infieles y no creo que sea un tema genérico, sino que tanto hombres como mujeres tienen fantasías y más de alguna vez, se pasan sus rollos con algún otro personaje. Quizás no es lo que conviene, por el tema social y la comodidad de vivir asentados en un lugar, y los hijos y el qué dirán y la plata... en fin, pero es la realidad, algo que nunca ha dejado de pasar en el mundo. ¿será parte de nuestra naturaleza humana?, ¿algo que con malos resultados hemos tratado de domesticar en nosotros? Creo que lo grave de la canita al aire es la mentira y la culpa, más que la canita en sí, ¿no?

23 de noviembre de 2005 a las 11:45 a. m.

 
Anonymous Anónimo dijo...

Sole, antes de que me quede sin internet por el cambio, he "contestado" este post en mi blog.
;D el título es pq claramente me fui por las ramas.

Nos vemos!!
Pd. (si me quedo incomunicada, aun tengo tu celu! ;D)

(heem. qué alivio saber que quedan hombres que piensan asi como tu. Mis respectos pa ute.)

26 de noviembre de 2005 a las 1:17 a. m.

 
Blogger Ojitos Rojos dijo...

Uffff!!! en serio??? Pa allá voy tonz....

Besos!

30 de noviembre de 2005 a las 10:03 p. m.

 

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